La reacción airada de aquellos que apoyan los regímenes antidemocráticos, de que la operación de los Estados Unidos es una violación de la soberanía nacional es interesada y ridícula. Para vivir la soberanía es necesario ejercerla. Esta solo se ejerce si el soberano y el estado actúan de manera que no es ajena a los intereses de su pueblo, y esto significa respetar, su propiedad, su vida y su libertad.
Era más probable que Venezuela, de no mediar el operativo del 3 de enero del 2026, siguiera la misma hoja de ruta de otras tiranías como la de Nicaragua, o la de Cuba, que se ha perpetuado por casi 70 años (1959-2026), tan larga como la Unión Soviética (1917-1989). Estos regímenes totalitarios se perpetúan en el tiempo, no por ser amados o tolerados, si no porque han utilizado métodos y tácticas brutales de represión y control que han llevado a sus poblaciones a ser exiliados, encarcelados, a sufrir hambrunas, represión permanente, encarcelamientos ilegales, y no pocas veces, a ser víctimas de un abierto desdén por sus ciudadanos que pasan a ser simples esclavos de sus gobernantes y del estado criminal que los gobierna. Su discurso es típicamente Orwelliano donde la guerra es la paz y el amor es el odio.
Los gobiernos, que se sienten amenazados de que una reacción de los Estados Unidos ocurra en sus territorios, han sido cómplices del régimen fratricida de Venezuela, o se niegan a comportarse en el ámbito local e internacional dentro de las normas de actuación aceptables. El estupor y rechazo es un descaro, estos regímenes de izquierdas, se daban cuenta que Maduro traspasó límites de acción razonables, para la misma izquierda, cuando en el 2024 fraudulentamente negó el triunfo de Edmundo Gonzales y María Corina Machado.
Las quejas de los apologistas de estos regímenes, que es incorrecto lo hecho por Estados Unidos, no son aceptables. ¿Cuál es la forma correcta según estos, cuando el dictador durante años se ha mofado de la comunidad internacional, del Presidente de turno de Estados Unidos y ha rechazado la ayuda de regímenes aliados como el de Brasil para hacer una transición política razonable? Nada de lo que está pasando ahora, hubiera ocurrido si el socialismo del siglo XXI respetaba la voluntad popular, expresada en elecciones verificables y los pedidos de la comunidad internacional de aceptar los resultados electorales. Su terquedad en no aceptarlos y los atropellos anteriores ha llevado a su actual periplo por el sistema judicial norteamericano.
Llevarse al dictador a una corte y un sistema judicial, que le brinda garantías, como acceso a un abogado y a un juicio que ningún otro país del mundo tiene, representa un destino más humanitario que el que le esperaba, de no mediar dicha intervención. Maduro podría haber sido ejecutado por parte de la guardia pretoriana cubana que tenía órdenes de matarlo antes que entregarlo vivo, de no mediar la brutal y precisa operación de mantenerlo vivo a el y su esposa a pesar de lo protegido que estaba.
Peor habría sido entregarlo al populacho para que lo terminen rematando como le ocurrió a Saddam Hussein, cuando fue capturado y juzgado sumariamente. El dictador libio Muammar Gaddafi fue linchado por los rebeldes cuando lo encontraron escondido en una alcantarilla. El dictador rumano Nicolau Chauchesco, sufrió brutalmente a manos del pueblo al final.
Tomará un par de años para que se lleve a cabo el juicio y se dicte sentencia, pero el destino final de Maduro será probablemente el mismo de Noriega, defenestrado por los Estados Unidos. Estos lo juzgaron y lo pusieron en prisión y luego lo transfirieron a Francia y a Panama para que cumpla condenas en esos países. Murió de avanzada edad, a los 83 años en compañía de su familia, algo que no merecía. No se sació del todo las ansias de justicia de sus víctimas, pero se lo trató con dignidad y humanidad, más que si hubiera sido capturado por el pueblo enardecido, harto de tanta brutalidad, sufrimiento, asesinatos y secuestros, mucho más de lo que él le ofrecía a sus rivales políticos.
Lo ideal sería que no ocurrieran estos finales violentos, cuando los gobernantes se convierten en tiranos, pero es el derecho del pueblo a cometer el tiranicidio, es decir el acabar con sus tiranos cuando estos hartos de tanto abuso e injusticia se levantan y acaban con sus opresores. Es una doctrina, enunciada por Juan de Mariana en 1598 cuando publicó “De Rege et Regis Institutione” (Sobre el rey y la Educación del Rey). Su argumento es que los monarcas son responsables ante la ley y el bien común, es justificable ser apartados del poder si se comportan como tiranos, y en casos extremos su asesinato violento, el tiranicidio.
En un comentario anterior sobre Mariana, entre otros de la escuela de Salamanca, cuento la historia de como otros monarcas Europeos fueron víctimas de sus justificaciones e incluso prohibieron su obra, llegando al punto de quemarlas públicamente, por orden real.
La soberanía, es importante notar que si bien este es un concepto en apariencia moderno, fue tratado por los mismos escolásticos hace 500 años. Ellos se plantearon si era legítimo o no, el proceso de conquista de las Américas en aquella época. Es un claro caso de discusión sobre el tema y por que sería justificable la conquista a pesar de que significaba que su población nativa la perdía, no para ser esclavizados, si no más bien para ser liberados del yugo tiránico de los sacrificios humanos. Dicha conquista fue hecha, no solo por españoles, una minoría de 500 hombres, si no por pueblos enteros, hartos del régimen anterior y que se les ofrecía a cambio de sus reinos y su alianza un trato más digno y menos violento que el anterior.
En Venezuela, la propiedad es expropiada arbitrariamente, como en las escenas burlescas del predecesor, Chavez gritando “exprópiese”. La vida es regularmente afectada, miles se encuentran desaparecidos en esa prisión intolerable que es el Helicoide, y quien sabe que otros centros de detención se descubran una vez que termine de caer el régimen. A pesar de escoger a su soberano, su derecho fue violentado no solo en Julio del 2024, pero en reiteradas ocasiones anteriores, bien sea a través de fraudes o a través de persecución de aquellos a quienes se atrevían a desafiar políticamente el régimen.
Tenemos el encarcelamiento y posterior exilio de Leopoldo López, el no reconocimiento de Juan Guaidó, presidente del congreso. La indignidad que significó para los colaboradores de Maria Corina Machado, vivir asediados y torturados sicológicamente en la embajada Argentina. Estar en la clandestinidad absoluta por casi dos años que le tocó vivir a María Corina o el exilio forzado previa amenaza a su legítimo Presidente, Edmundo Gonzales. Esto sin mencionar a los millones de personas que tuvieron que quedarse callados e incluso abandonar el país.
La soberanía no se ejercía en Venezuela, se perdió mucho antes y ha estado usurpada por regímenes foráneos (China, Rusia, Cuba) que han auspiciado, financiado o controlado las actividades del régimen actual. Se ha eliminado a la cabeza, Maduro, mas no a todo el aparato del Chavismo - Socialismo del Siglo XXI, sigue ahi y aún no ha asumido su responsabilidad en estos temas. Están escondidos, tratando de aparentar moderación y colaboración, han visto con claridad que Estados Unidos tiene la capacidad de anularlos y someterlos.
El régimen sigue en el poder tratando de negociar una salida que les permita, seguir disfrutando del robo, de los pocos recursos que le quedan a sus ciudadanos, de provocar la diáspora más grande de la historia. Ahi están los resultados, ocho millones de Venezolanos obligados a huir de su país, ya sea por persecución política, inseguridad o pobreza causada por las medidas económicas del régimen. Serán muchos más si no cambia el régimen completo y se exige justicia.
Se discute sobre como se debe de hacer la transición, que si debería de haberse decapitado a todo el régimen, o si debería de hacerse como lo están haciendo a través del palo y la zanahoria, de incentivos y presión para que se comporte el actual régimen. Es difícil saber cual es la mejor via, dado que el régimen tiene aún el poder, es mortífero con sus colectivos, los tontons macoutes del régimen. Esperemos que más bien sea breve este periodo transitorio. Ojalá el régimen responda a los incentivos ofrecidos y entreguen el poder al Presidente legítimo, Edmundo Gonzalez o por lo menos permitan que se celebren elecciones libres y verificadas por todos interna y externamente.
El camino de regreso a la sensatez, el estado de derecho, y la libertad, puede ser bastante largo, especialmente si el régimen persiste en actuar como si no pasara nada y los que han estado en el poder enriqueciéndose, sigan siendo parte del régimen. La mala experiencia que ha tenido Estados Unidos con cambios de régimen prolongados, que no han dado los resultados deseados, hace entendible este enfoque negociado y cauteloso en cambiar las estructuras de poder venezolano.
Más allá del pragmatismo político que requiere la transición, es necesario que se reconozca que apoyar regímenes similares tarde o temprano va a traer un costo y una sensación de injusticia que podría afectar no solo a Venezuela, si no también a los Estados Unidos.
El acto de soberanía más auténtico será reconstruir Venezuela, buscando una sociedad, más abierta, plural, y que reconozca el estado de derecho, la propiedad, la libertad, que respete a sus ciudadanos y su vida y se brinde el marco regulatorio adecuado para que sus ciudadanos alcancen el florecimiento humano. Sin ayudas del gobierno y con la total protección de la seguridad y la justicia de sus ciudadanos. Quienes fueron los responsables de la actual barbarie deberán de ser juzgados, y estos juicios deben de ser contundentes, claros e implacables.
La soberanía se debe de construir en base al respeto de sus ciudadanos y solo lo será así, si se reconstruyen sus instituciones, la división de poderes y la transición democrática de sus gobernantes. Si el gobierno abusa de sus ciudadanos no hay soberanía posible. La soberanía no es un escudo para tiranos y sátrapas, es un pacto de respeto a sus ciudadanos por parte de quienes detentan temporalmente el poder. Perpetuarse en el mismo o violar el respeto a la ciudadanía ya es un acto de violación de la soberanía de un país.
La transición en Venezuela es importante sea como la de Alemania o Japón después de la Segunda Guerra Mundial, y no como la de Irak o Afganistán en tiempos modernos. Hay que dejar que la libertad y la responsabilidad hagan su trabajo, como lo fue en los dos primeros casos, y no el “Nation Building”, dirigista, y ausente de libertad o con transposición de instituciones, sin entender realidades locales, que se intentó en los dos casos posteriores fallidos.
Los venezolanos serán responsables de esta transición, podrán volver a cantar con orgullo “Alma Llanera” libremente, serán ejemplo de democracia y republicanismo para el resto del continente, solo si escuchan y aprenden de la tragedia que parece ser, empiezan a superar.
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