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Gran revuelo ha causado la decisión de los Estados Unidos para destituir a la persona que dirige el departamento de estadísticas laborales del gobierno americano (BLS por sus siglas en inglés Bureau of Labor Statistics). La razón entre otras cosas son las grandes revisiones que se han hecho a los números de la cifra de creación de empleos mensuales. No es un secreto que las estadísticas, una vez publicadas, tienen que ser revisadas y ajustadas con datos más certeros cuando estos aparecen y que originalmente pudieron estar sobre o subestimadas. Esto es parte del proceso de medición en la cual una cifra de empleo se estima y se publica y de no haber mayores errores se ajusta una vez que se tienen datos actualizados. El problema surge cuando estas revisiones son cada vez más amplias y el margen de error entre lo pronosticado y lo que se revisa es cada vez mayor con cada revisión. Hay algo que no cuadra en los métodos usados, si estas discrepancias son frecuentes y amplias.

Otra queja hecha al respecto ha sido las formas en la que se lo mide, muchas veces usando encuestas que los empleadores completan. El problema de dichas encuestas es que no todos los empleadores lo hacen a tiempo, muchos ven estas encuestas como una molesta actividad, engorrosa de hacer mes a mes, si es que la oficina de estadísticas laborales escoge a la empresa en la que uno trabaja. La actividad en si no reporta ningún beneficio para la organización, obligada a hacerlo, muchas veces estas estadísticas podrían ser realizadas consultando directamente a las empresas de rol de pago, con un universo de datos mucho más grande y de manera más automatizada y certera.

Muchos expertos critican que dicha oficina tiene métodos de recolección de datos anticuados, que no contemplan otras o nuevas formas de trabajo, como el uso de plataformas de trabajo a destajo como lo son UBER, o los servicios de repartición de alimentos y productos. Tampoco incluyen empresas unipersonales o familiares, que muchos comienzan después de participar como empleados y que encuentran la actividad económica particular más ventajosa, que la que sería siendo empleado de la manera tradicional. Este es un fenómeno más bien reciente, que se ha hecho factible con el surgimiento de plataformas que permiten hacer dichos negocios con poco o ningún esfuerzo, que solo requieren del acceso a una aplicación en su dispositivo móvil.

La solución de la actual administración, ante dichas discrepancias, ha sido descabezar la agencia y reemplazarlo por una persona más cercana a la administración actual. Las quejas no se han hecho esperar, la oposición a la actual administración, o la prensa ve este cambio de liderazgo, como esfuerzos por politizar para cambiar los números que genera la BLS.

El problema es que hay una oficina de medición de estos datos que está sujeta a control del gobierno y es parte del gobierno. Más allá de la idoneidad de la persona elegida para llevar adelante la administración de esta oficina, hay que plantearse en primer lugar el motivo de llevar a cabo estas mediciones y la forma en que se lo hace.

En el caso específico de las estadísticas laborales, están los economistas keynesianos que ven esta cifra como un indicador, de que tan bien está la economía. En opinión de esta escuela económica, la tasa de desempleo hay que llevarla lo más cercano posible a lo que llaman el pleno empleo, y según eso ajustan la cantidad de dinero circulante. Si hay mucho desempleo dicen que es necesario aumentar la cantidad de dinero en circulación para incrementar la demanda agregada. La tasa de empleo o desempleo no debería de estar relacionada con la cantidad de dinero en circulación, como argumentan los monetaristas, la cantidad de dinero en circulación no debe de ser alterada más allá de una cantidad necesaria para reemplazar las unidades monetarias que se van desgastando. Por otro lado, tratar de alcanzar el pleno empleo no debería de ser un objetivo de política monetaria, lo único que logra es generar más inflación y altera la estructura de precios, esto es lo que los economistas de la escuela austriaca de economía han señalado. De acuerdo con los economistas que siguen esta escuela económica, la alteración de la masa monetaria lo único que crea es burbujas financieras, que eventualmente terminan reventando. Este incremento de masa monetaria circulante solo logra una asignación de recursos en industrias que tarde o temprano pueden colapsar, pues no reflejan lo que el mercado necesita, sino más bien, un cálculo errado de beneficios basado en una cantidad abundante o escasa de dinero y crédito.

Más allá de estas consideraciones sobre la cantidad de empleos creados, o la tasa de desempleo como herramienta de política monetaria, está el hecho de que, si realmente queremos tener una mejor estadística, deberíamos dejar de medirlo por parte del gobierno y dejar que esta tasa la midan instituciones privadas u organizaciones sin fines de lucro, y que dichas mediciones compitan con otras que pueden generar diferentes gremios o industrias que están en el mercado. Por ejemplo, la medición sobre la actividad bursátil no es generada por la Comisión de Valores y Bolsa (SEC por sus siglas en inglés), un organismo del gobierno federal. De hecho, no hay ni siquiera un índice único, hay 3 o 4 índices creados por asociaciones privadas, como el S&P500, fundado por Henry Varnum en 1860, un empresario ferrocarrilero que buscaba información para tomar mejores decisiones de inversion. Este índice ha ido evolucionando a lo largo de los años modificando sus técnicas de medición, los valores que se miden para obtener cual es la actividad de la bolsa de manera diaria. No es el único, hay otros índices como el NASDAQ (National Association of Securities Dealers Automated Quotation), creado a instancias este si por la SEC, pero privatizada en el año 2000 y que es el segundo índice que compite en este ámbito de mediciones de la actividad bursátil.

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Hay otros índices basados en fondos de inversión indexados, como el Rusell 1000 o el 2000, o el índice creado por una empresa de periódicos, como el Wall Street Journal, el Promedio Industrial Dow Jones (DJIA por sus siglas en inglés). Todos estos índices, son usados por los inversionistas y académicos para hacer investigaciones o decisiones de inversión, que no dependen del gobierno y que así mismo reflejan algún aspecto en particular del mercado bursátil. No porque haya varias medidas o no exista una entidad oficial que certifique los números, hay menor actividad económica o se toman decisiones equivocadas. Al contrario, la existencia de varios índices que a veces se mueven en direcciones contrarias en determinado día, ayudan a resaltar cambios en el mercado que pueden no estar reflejados por un único índice.

El sector privado ya genera a través de las compañías de rol de pago estadísticas mucho más fáciles de recolectar, que no son onerosas ni en tiempo ni esfuerzo para el empleador. Esas estadísticas laborales podrían ser mercadeadas y vendidas por estas compañías y sería una gran fuente de ingresos para dichas empresas, como lo es para las compañías que generan las estadísticas de actividad bursátil. Estas podrían vender más detalles y acceso exclusivo a empresas que necesitan información más detalladas para tomar decisiones necesarias. No hay ninguna razón para que las empresas privadas no lo puedan hacer y que el gobierno tenga que estar involucrado con una oficina estatal sujeta a intervenciones políticas, por parte del presidente de turno o los congresistas que lo ratifiquen en el senado. En el pasado el BLS ha sido objeto de manipulación por parte de otras administraciones, no solo por la actual, tarde o temprano cuando esta administración termine, va a ser sujeta a las mismas intervenciones que ha aplicado a dicha oficina la actual administración

¿Alguno se preguntará, por qué no lo hacen actualmente dichas empresas que tienen la capacidad de generar estos números? La razón es muy sencilla, es algo parecido a lo que estableció Sir Thomas Gresham para la teoría monetaria, en el siglo XVI. La famosa ley de Gresham en su forma más simple dice que la moneda mala desplaza a la buena. Muchos se quedan en esa frase, así recortada no tiene mucho sentido y es un poco incomprensible. La frase más completa vendría a ser cuando hay moneda de curso forzoso, es decir su aceptación está establecida por ley, la tendencia siempre es a que la moneda mala, la moneda con peor valor, lo hace solo porque está determinado por ley su valor y termina desplazando a cualquier moneda que no es de curso forzoso o que tenga mejor valor. La razón es simple, y parte de la naturaleza humana, nadie quiere comerciar con moneda buena si puedo obligar a un acreedor o a un comprador a que acepte la moneda mala, si eso es lo que dice la ley. Solo usará la moneda buena para acumularla, pero para gasto y otras actividades preferiré la moneda mala. Solo cuando la moneda mala pierde completamente su capacidad de operar como moneda, debido a una manipulación grotesca de su valor, los participantes en el mercado se niegan a aceptarla y se revierte la ley de Gresham, la moneda buena desplaza a la moneda mala por su mejor calidad. Así lo vemos en otras actividades que tengan un componente económico, por ejemplo, países donde la mayor parte de la educación es estatal o financiada por el estado, las alternativas privadas desaparecen, o solo están disponibles a precios sumamente elevados fuera del alcance de quienes tienen menos recursos. Lo mismo podríamos intuir que pasa con los índices oficiales. Estos prevalecen por sobre las alternativas privadas, en este ambiente son pocas las instituciones que tienen interés en ofrecer mejores índices, si las estadísticas oficiales son las que el gobierno dicta a costo cero y son las legales.

Hasta que no salgamos de este esquema de soluciones públicas a problemas que pueden resolver entidades privadas, vamos a tener malos servicios o cifras que pueden ser vulnerables a la manipulación política y que no miden el universo entero de los datos disponibles. No es un problema único de la actual administración en Estados Unidos, se ha dado antes y tampoco es el único país que adolece de este problema. En Argentina, el Kirchnerismo entre el 2007 y el 2015 hizo exactamente lo mismo, asumió control arbitrario de la autoridad encargada de las estadísticas nacionales, pues sus resultados no eran del agrado de aquella administración, y buscaban ocultar la inflación y el aumento de la pobreza. En Ecuador pasó cosa similar, en la que hubo manipulación estadística para encubrir la cifra de homicidios, el alza de la delincuencia, y el narcotráfico para reflejar estadísticas que fueran más favorables al régimen correista. Pretendían dar una falsa sensación de seguridad, que hoy golpea con violencia y furia una vez que se empezó a desmantelar, lo que todos sabían cómo secreto a voces, que no había tal seguridad. Se vivía en un ambiente de terror y violencia desproporcionada, por la confabulación del gobierno con el narcotráfico y el crimen organizado, a pesar de que las estadísticas no lo reflejaban hasta cuando el problema se hizo muy evidente.

El colmo son los países totalitarios, como Cuba o la Unión Soviética, donde las estadísticas eran una tosca propaganda al servicio político y revolucionario del gobierno para demostrar un ausente o anémico éxito económico o científico. La Union Soviética llegó a decir que había ciencia revolucionaria y marxista. Aparecieron sujetos tristemente célebres como Lysenko, que pretendía cambiar la base de la ciencia, pues en su ceguera ideológica creían que la ciencia universal no reflejaba adecuadamente los triunfos de la revolución soviética. Aquellos científicos que se negaban a seguir estos postulados ideológicos eran rápidamente desaparecidos o deportados a la Siberia, como Nikolai Vavilov por defender la genética, considerada una ciencia burguesa, enviado a este Gulag donde estaban sus campos de trabajos forzosos para disidentes, para todo aquel que la revolución considerara un desviado o enemigo.

Si realmente queremos tener estadísticas más certeras y objetivas, la información que posee el gobierno debería de estar abierta al público, ser compilada y presentada por entidades privadas y no públicas, o vinculadas financieramente o controladas por el gobierno y que ofrezcan índices que compitan en el mercado de la información estadística. Solo con números objetivos, independientes, certeros es que podremos tomar iniciativas y decisiones que ayuden al florecimiento humano.

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