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¡Buenos días! Un viernes explosivo en materia de noticias, que en esta edición de Mirada Sur intentaremos explicar de la manera más clara y simple posible. ¡Y vaya si ese es un desafío! Comenzaremos por las elecciones de Brasil donde, contra todo pronóstico, el octogenario presidente Lula da Silva logró imponerse en una polémica segunda vuelta contra Flavio Bolsonaro. Pero la cosa no quedó allí, sino que el resultado electoral apenas fue el arranque de un culebrón de final imprevisible. Pero ese mismo domingo se produjo otro hecho clave: el regreso de María Corina Machado a Venezuela tras casi un año fuera del país. ¿Qué significa esto para el proceso de transición en Venezuela? Intentaremos explicarlo en los párrafos siguientes. Un tercer hecho explosivo nos ha captado la atención y es el envío de tropas por parte de El Salvador a Haití a rescatar a cuatro soldados secuestrados por las pandillas locales. ¿Un esbozo de “internacionalización” de las políticas de Nayib Buekele? Además de eso, tenemos varios temas más que comenzamos a analizar… ¡ya mismo!

Lula logra el “milagro”, y Bolsonaro debe huir tras presión judicial.

Lo sucedido en Brasil no se le habría ocurrido ni a un guionista de Hollywood. El final de una de las competencias electorales más anticipadas y determinantes para América Latina culminó de la forma más polémica y espectacular posible. Pero anticipando un futuro muy complejo para Brasil y, por ende, para todo el continente.

El primer impacto ocurrió mientras todavía se realizaba la elección del pasado domingo. En plena votación, un juez del Tribunal Supremo (es asesor personal de Lula da Silva) ordenó prorrogar la votación de manera irregular durante dos horas, generando todo tipo de especulación. Y lo que vino después potenció todavía más las polémicas, ya que luego de perder la primera ronda por casi dos puntos porcentuales, Lula da Silva se impuso a Flavio Bolsonaro por tres puntos de diferencia. Algo que no anticipó ninguna encuesta, ni sitio de apuestas, ni de proyecciones matemáticas. O sea que el actual presidente habría logrado “dar vuelta” casi seis millones de votos en tres semanas.

Vale imaginarse el festejo que montó la izquierda brasileña y regional ante este resultado inesperado. Con el habitual talento para el marketing épico de esta forma de ver la política, en pocas horas la victoria de Lula se convirtió en un hito histórico universal. Pero la cosa se complicó todavía más, ya que a poco de conocerse el resultado, una orden de otro juez del Tribunal Supremo cercano a Lula, el polémico Alexandre de Moraes, obligaba al derrotado Flavio Bolsonaro a entregar sus pasaportes, en el marco de una investigación sobre lavado de dinero y manejos turbios de fondos electorales. Ante esta circunstancia, Bolsonaro decidió salir del país junto a su familia más cercana, en una operación cinematográfica que movilizó a los gobiernos de Argentina, Ecuador y Estados Unidos. Ya en Miami, Bolsonaro tiró más nafta al fuego, publicando un comunicado reivindicándose como el verdadero presidente electo de Brasil, el cual borró apenas minutos después y reemplazó por otro más moderado donde apenas denunciaba una persecución judicial y política en su contra.

FUTURO COMPLEJO. La situación en Brasil es hoy de completo caos institucional y de enorme inquietud económica. Por un lado, el presidente Lula asumirá un gobierno enturbiado por todo tipo de sospechas y denuncias, a la vez que deberá enfrentar una situación financiera de máxima delicadeza, agravada por las promesas populistas millonarias que él mismo hizo en las semanas previas a la elección. Pero, además, tendrá un Congreso con amplia mayoría opositora, y que parece en una guerra abierta con el sistema de Justicia, el cual también enfrenta graves denuncias de corrupción.

Pero para la oposición tampoco luce simple la cosa. El escape de Bolsonaro dejó muy mal parados a todos los que lo apoyaron y genera ya divisiones entre los líderes contrarios a Lula da Silva. Mientras que el “clan Bolsonaro” logró colocar a varios miembros en el Congreso y su partido acumula una bancada inmensa, ya hay importantes dirigentes opositores como el gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, que sugieren que es el momento de dar vuelta la página con el control político de la familia del expresidente. El cual, estando preso y con sus dos hijos más relevantes en el exilio, parece que tendrá poca capacidad de influencia en los años próximos.

La gran pregunta es :¿podrá Lula a sus 81 años “timonear” esta transición tan delicada? ¿Cómo enfrentará la feroz crisis económica que se cierne sobre el país y de la cual el derrumbe histórico de los mercados tras su victoria es apenas un anticipo? ¿Quién será el nuevo líder de la oposición, y hasta dónde estará dispuesto a negociar? Todas preguntas que todavía parecen demasiado pronto para responder. Pero de las cuales dependerá, en buena medida, el destino en los próximos años del país más estratégico de América del Sur.

María Corina regresó a Venezuela y dice que transición es irreversible.

Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, los dos hombres fuertes de la dictadura venezolana.

La noticia quedó un poco “tapada” por todo el escándalo en torno a las elecciones en Brasil. Pero ese mismo domingo ocurrió lo que hacía tantos meses se decía inminente: el regreso de María Corina Machado a Venezuela. Lo hizo después de estar más de 10 meses fuera del país, de donde salió en diciembre pasado de forma clandestina para viajar a Noruega y recibir el Premio Nobel de la Paz. Su primera aparición pública se dio en la Iglesia de Santa Rosa de Barquisimeto, en el estado Lara, a la que acudió para dar gracias por su vuelta a Venezuela. Desde ahí viajó por tierra hasta Caracas, adonde llegó por la noche. A su paso por los estados Yaracuy, Carabobo y Aragua, muchos seguidores salieron a las calles para saludarla y festejar su retorno.

En su primera rueda de prensa en el país, dijo que “estamos aquí para darlo todo por Venezuela”. “La nuestra ha sido una ruta de los imposibles. Nuestra lucha ha sido siempre pacífica”, afirmó, antes de subrayar que a su regreso al país, el pasado domingo, se movilizaron miles de personas sin que se registrara ningún incidente. “He regresado a terminar una tarea y cumplir un mandato”, afirmó. Apenas dos días después, realizó una conferencia de prensa en Caracas donde afirmó que "quiero agradecer al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, al gobierno de los Estados Unidos y al secretario de Estado, Marco Rubio, porque gracias a su visión y a su coraje y a su acción del 3 de enero se ha abierto esta compuerta a la libertad".

Desde ya que el ingenio popular se las arregló para en pocas horas convertir el hecho en bromas y “memes” en las redes sociales.

Ni Machado ni sus colaboradores han dicho cómo entró a Venezuela. El estado Lara, ubicado en el noroccidente venezolano, no comparte frontera con otro país ni limita con el océano, lo que apunta a que Machado podría haber llegado a Lara directamente en una aeronave o podría haber ingresado primero por algún estado fronterizo, ya sea por tierra o por el mar Caribe. El presidente Donald Trump dijo que no sabía que Machado volvería a Venezuela. Como lo ha hecho antes, se refirió a Machado como “una mujer muy agradable” y agregó que espera que se encuentre bien. Momentos después, el secretario de Estado, Marco Rubio, aseguró que el regreso de Machado pudo concretarse gracias a los acercamientos entre el Gobierno y un sector de la oposición.

En tanto, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez calificó de “show” el retorno de la líder opositora. “Podía evitarse el show, ahí están los aeropuertos”, insistió, aunque durante los últimos meses Machado y sus colaboradores denunciaron supuestos obstáculos a sus intentos por volver a Venezuela desde Panamá.

QUÉ SIGNIFICA. Ahora bien, ¿qué significa este regreso de Machado para la transición en Venezuela? Se lo preguntamos a la buena amiga Sary Levy Carciente, economista e investigadora en el Adam Smith Center en Florida International University, que nos decía lo siguiente: “El retorno de María Corina Machado representa un hito fundamental para Venezuela. En un contexto marcado por la desintegración institucional y el éxodo masivo, su presencia genera un impacto que abarca desde la esfera emocional ciudadana hasta los fundamentos macroeconómicos”.

“En el ámbito social y de la población, el liderazgo de Machado actúa como un catalizador emocional y un símbolo de esperanza. Para millones de venezolanos, dentro y fuera del territorio nacional, su figura canaliza la resiliencia y la convicción de que un cambio real es posible. En términos democráticos, su regreso refuerza la ruta de la transición republicana a través de elecciones libres, competitivas y transparentes, reforzando el sentido de soberanía popular. Además, su indiscutible liderazgo político no solo influye en la exigencia de los comicios, sino que además apunta a un proceso de reconciliación democrática bajo el imperio de la ley”.

Según Sary, “Venezuela escribe en este momento una nueva sección en su largo capítulo sobre su lucha por el retorno a la democracia y a la libertad. El retorno de Machado al país encarna la posibilidad real de restaurar la dignidad ciudadana, la democracia, la prosperidad y la libertad en Venezuela, a la vez que desafía las complejas realidades de un entorno hostil e incierto”.

Bukele envía tropas a Haití a rescatar soldados secuestrados.

Desde que asumió como presidente de El Salvador, Nayib Bukele ha demostrado que no se anda con vueltas. Y esta vez lo volvió a dejar claro en Haití, donde lanzó una ofensiva militar contra las pandillas que controlan buena parte del país para rescatar a cuatro soldados salvadoreños desaparecidos tras una emboscada.

Bukele exigió a las pandillas haitianas que liberaran a los cuatro soldados con vida y amenazó con una ofensiva todavía más fuerte si no lo hacían. Y no se quedó esperando. Al día siguiente, un primer contingente de fuerzas especiales salvadoreñas comenzó a llegar al ingobernable país caribeño. Con el correr de los días se fueron sumando refuerzos y, según medios internacionales, el despliegue ya rondaría el millar de efectivos. “Tenemos un solo objetivo: traer de vuelta a nuestros cuatro compatriotas a casa con vida, sin ningún daño”, informó el presidente.

Aun así, los salvadoreños siguen sin aparecer y la presión ejercida por Bukele no ha logrado su objetivo. La incertidumbre crece a medida que pasa el tiempo y ahora el controvertido mandatario se encuentra ante un desafío mayor que una operación de rescate. Deberá enfrentarse a las poderosas bandas criminales que dominan un país donde la ley la impone el que tiene el fusil más largo. La pregunta ahora es hasta dónde está dispuesto a avanzar Bukele y si la estrategia de choque que le permitió cosechar tan buenos resultados en El Salvador puede tener éxito en un escenario caótico como el haitiano y en un conflicto que, al parecer, solo tiende a escalar.

TRASFONDO. La historia comenzó el 18 de octubre, cuando cuatro militares salvadoreños fueron atacados por pandilleros armados en Croix-des-Bouquets, cerca de Puerto Príncipe, la capital de Haití. Los soldados regresaban a su base después de comprar alimentos cuando el vehículo blindado en el que viajaban fue atacado a tiros y terminó incendiado. Se trata de cuatro técnicos de aviación de la Fuerza Aérea salvadoreña que participaban en una misión internacional de apoyo a las fuerzas de seguridad haitianas. Desde entonces no se ha vuelto a saber de ellos. Bukele asegura que fueron tomados como rehenes. Wilson Joseph, el jefe de 400 Mawozo, una de las pandillas más peligrosas del país, negó la versión del secuestro y dijo que habrían muerto durante el ataque, a manos de la Chèn Méchan, otra banda que opera en la zona.

La cosa se complicó aún más cuando apareció la noticia sobre el hallazgo de restos humanos que podrían pertenecer a los desaparecidos. Bukele salió a negarlo de inmediato. Pero, por ahora, ni la declaración del pandillero ni la identidad de los restos encontrados han podido confirmarse. Tampoco la cantidad de efectivos enviados al rescate. La realidad de Haití no es la de El Salvador, ni siquiera en los peores momentos de criminalidad que vivió el país centroamericano. Además, las pandillas haitianas son muy diferentes a las maras que el Bukele logró desarticular. Ellos tienen armamento de guerra, controlan territorios extensos y operan en un país sin instituciones.

Desde hace años Haití atraviesa una dramática crisis política y de seguridad, que se agravó con el magnicidio de Jovenel Moïse en 2021, cuando una banda de forajidos irrumpió en su casa por la noche y lo acribilló a balazos. Desde entonces, las pandillas fueron ganando más poder y hoy son dueñas de casi toda la capital y sus alrededores. Cerca de 1,5 milones de personas debieron abandonar sus hogares escapando de la violencia de estas bandas. Lo poco que queda del Estado haitiano y las fuerzas internacionales que llegaron para colaborar no han podido recuperar el control.

En Haití, Bukele parece haber encontrado un enemigo más peligroso de lo que esperaba.

Informe de ONU denuncia masivo aparato represivo en Nicaragua.

El dictador nicaraguense Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo

Después de los cambios políticos sustanciales que vivió la región en los últimos tiempos, en Nicaragua sigue todo igual. O peor. La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo se ha ocupado de terminar con cualquier forma de oposición al poder absoluto del matrimonio. Y lo ha venido haciendo de manera sistemática. Un ataque organizado desde el Estado para aferrarse al poder. Según un informe de Naciones Unidas difundido en los últimos días, existe un masivo aparato estatal al servicio de la persecución política. El documento menciona 161 casos de desaparición forzada desde 2018 y al menos 8 muertes de presos políticos bajo custodia del Estado. Todo lo cual, según los expertos de la ONU, podría constituir crímenes de lesa humanidad.

En el mismo sentido, un relevamiento reciente de organizaciones de derechos humanos señala que hay 72 presos políticos, de los cuales 33 permanecen desaparecidos. Sus familias no saben dónde están ni en qué condiciones se encuentran. Nadie que piense distinto al caricaturesco dictador centroamericano se salva. Su largo brazo represor alcanza a dirigentes opositores, periodistas, religiosos, empresarios, un exvicepresidente y hasta viejos camaradas de la revolución sandinista. Desde 2018, el régimen clausuró todos los medios de comunicación independientes que pudo e ilegalizó miles de organizaciones civiles y religiosas. Obligó a millares de nicaragüenses a exiliarse y a cientos los declaró “traidores a la patria” y los despojó de su nacionalidad. Una represión encarnizada que cae sobre los opositores y también sobre sus familiares.

El gobierno revolucionario lo negó todo y acusó a las “potencias neocolonialistas” de utilizar los derechos humanos como instrumento de “agresión política”.

TRASFONDO. Nicaragua está encerrada en sí misma. La deriva autoritaria del gobierno la ha llevado a un aislamiento casi total. Los cambios en la región, especialmente la caída de Nicolás Maduro en Venezuela, dejaron al matrimonio Ortega-Murillo sin amigos en el barrio. Solo le queda Cuba, con capacidad para apoyarlo apenas en lo ideológico. La soledad del tirano quedó en evidencia a principios de octubre, cuando los cancilleres de la OEA aprobaron por unanimidad una resolución que exige la liberación de los presos políticos, información sobre los desaparecidos y el restablecimiento de las libertades democráticas. Ningún gobierno salió en defensa de Nicaragua. Ortega, enojado, retiró a su país del Parlamento Centroamericano, como ya lo había hecho de la OEA en 2023.

Fuera de la región, el régimen mantiene buenas relaciones con China, Rusia e Irán. De hecho, China ha aumentado su presencia económica en el país y participa en proyectos de infraestructura, transporte y energía.

POR QUÉ ME IMPORTA. Porque Daniel Ortega fue uno de los grandes referentes de la izquierda latinoamericana. Su figura trascendió Nicaragua y fue uno de los creadores del Foro de Sao Paulo. Como dirigente de la revolución sandinista, participó en la lucha que terminó con la dictadura de Anastasio Somoza en 1979. Y, así como Fidel Castro y Hugo Chávez, recorrió de principio a fin el camino que va del revolucionario al dictador.
América Latina ha sido testigo de líderes que llegaron con la promesa de liberar a sus pueblos y terminaron restringiendo las mismas libertades que decían defender.

Esto también es noticia.

-El Gobierno de Colombia ordenó la militarización de la ciudad de Cúcuta, ubicada en la frontera con Venezuela, tras el asesinato de un político que aspiraba a la alcaldía local y el estallido de un artefacto explosivo que dejó seis heridos en menos de una semana. "He ordenado la militarización inmediata de Cúcuta. Esa militarización será temporal, mientras estabilizamos el orden público", aseguró el presidente Abelardo de la Espriella.

-Autoridades de México capturan a uno de los líderes máximos del Cártel del Golfo. Se trata de Axel Cárdenas, quien fue detenido por militares en Matamoros, estado de Tamaulipas, y está acusado de participar en homicidios, secuestros y trasiego de drogas entre México y Estados Unidos. El Cártel del Golfo fue declarado por Washington como organización terrorista.

-Más de 90 animales exóticos, algunos de ellos venenosos, fueron descubiertos ocultos en botellas de plástico y calcetines dentro del equipaje de un ciudadano mexicano en el aeropuerto de Colonia/Bonn, informaron las autoridades alemanas. El hombre, un bombero de 45 años que despegó desde Ciudad de México y había hecho una escala en Estambul, fue interceptado por autoridades aduaneras tras mostrar un comportamiento "notablemente nervioso".

Martín Aguirre; Director.

Que tan bien cocinado estuvo este resumen semanal

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