¡Feliz viernes! Hoy le traemos una edición imperdible de Mirada Sur, con noticias que tienen el potencial de cambiar el mapa político de la región, así como la vida cotidiana de millones de personas. Es que vivimos en tiempos donde la gente parece desencantada de la política, y no quiere ni siqueira informarse de lo que pasa. Ignorando que en este mundo se definen aspectos centrales para su vida diaria. Fíjese sino lo que pasa en México, donde la pugna entre la presidenta Sheinbaum y la cúpula de su partido, puede afectar directamente el vínculo comercial con Estados Unidos, y con ello la economía de todo el país. O en Brasil, donde un enorme fraude bancario que perjudicó a millones de personas, está a punto de cambiar la trayectoria política de la principal potencia de América del Sur. Pero también analizaremos noticias de Argentina, donde el presidente Milei se ha embarcado en una campaña sobre las islas Malvinas, que ha cambiado radicalmente el debate político en ese país. Y seguiremos la gira del secretario de Estado Marco Rubio, que está generando ruido y titulares en cada país de la región que pisa. Todo esto y mucho más en esta edición de Mirada Sur, su fuente favorita de información, rápida y eficiente, sobre América Latina.

Sheinbaum entre la espada y la pared.
Una de las cosas más positivas de eventos como Vientos de Cambio, que tuvo lugar la semana pasada en Argentina, es reencontrarse con figuras que defienden las ideas de la libertad en distintos países e intercambiar sobre lo que sucede en sus naciones. Una de estas charlas en Buenos Aires fue con el gran amigo Roberto Salinas, quien nos ponía al tanto sobre la situación muy compleja que vive la presidenta Claudia Sheinbaum, que por un lado debe enfrentar la presión creciente de Donald Trump para limpiar la política de su país de nexos con el narco. Y, por otro, la de su mentor Andrés Manuel López Obrador, que sigue siendo un poco el poder detrás del “trono”, y cuyos vínculos, en especial con el cártel de Sinaloa, han sido objeto de muchos comentarios.
Esta semana el tema volvió a ponerse sobre la mesa a partir de una polémica algo banal. Es que Donald Trump, en uno de sus habituales excesos en redes sociales, seguramente para agitar las aguas patrióticas en medio de una campaña de cara a las elecciones de medio período donde se juega mucho, hizo un posteo con un mapa de América del Norte, toda cubierta con la bandera estadounidense. Una verdadera tontería intrascendente, de esas que hace para escandalizar a los medios y a las élites regionales. Lo curioso, o no tanto, fue que Sheinbaum se “prendió” a la polémica y dijo que “México no es colonia de nadie, no es protectorado de nadie”. Comentario destinado a dejar contenta a su base patriótica en momentos en que recibe muchos ataques internos, pero que arriesga elevar la polémica con un Trump que siempre está buscando un rival externo. Y con quien Sheinbaum debe mantener un equilibrio tenso, en momentos en que recibe presiones para entregar a la justicia de EE.UU. al ex gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, y que EE.UU. acaba de despatarrar los pactos comerciales con Canadá.
Por eso aprovechamos y le pedimos a Roberto Salinas que nos explicara sobre el momento que vive Sheinbaum, y cuáles son los peligros a corto plazo para este gobierno mexicano. “Mira, justo se acaba de publicar un documento con los criterios de economía política del gobierno mexicano, y claramente la apuesta de la estrategia económica de Sheinbaum es la fortaleza del comercio exterior como fuerza motriz del desarrollo económico de México. Cosa que se basa en la enorme expansión del comercio exterior en América del Norte y la profunda integración de cadenas de suministro 30 años después del NAFTA”. “Sin embargo la postura de EE.UU. de revisar las condiciones de estos acuerdos año a año condiciona todo, porque hay que ver qué condiciones extracomerciales impone Trump”- Según Roberto “se comenta que EE.UU. va a poner como condición las cabezas de aquellos políticos que han identificado tener vínculos con el crimen organizado”.
Roberto nos explicaba que “esto pone a Sheinbaum entre la espada y la pared. Si consolida las alianzas con el grupo de políticos del movimiento de Morena, o si opta por un acuerdo con EE.UU. que incluya poder acatar estas posibles condiciones en materia de seguridad. Es penoso y doloroso que Trump diga estupideces como que México solo exporta tacos y tamales cuando somos el socio comercial número 1 en los Estados Unidos y le vendemos más a Estados Unidos de una gran variedad de productos que cualquier otro país del mundo. Sin embargo, pues, es el realpolitik en el que vivimos, es parte del la estrategia de seguridad nacional del escudo de las Américas. Todo esto promete que va a ser un fin de año muy intenso para México”.

Escándalo judicial golpea a Lula.

El presidente Lula da Silva y el polémico juez Alexandre de Moraes, una relación explosiva. Foto: Twitter
Brasil está viviendo una semana de máxima tensión en lo político y en lo judicial. Es que las tensiones internas en el Supremo Tribunal han derivado en una verdadera guerra abierta, que está teniendo ya impacto en la campaña electoral de cara a las presidenciales del mes de octubre. Una elección que es clave para toda América Latina y donde las encuestas empiezan a mostrar una tendencia en favor del candidato desafiante, Flavio Bolsonaro. Que incluso en las últimas horas ha superado al presidente Lula da Silva en el polémico sistema de apuestas llamado Polymarket.
Todo comienza con la investigación policial del llamado “Caso Master”, una estafa bancaria que muchos califican como el mayor fraude financiero de la historia de Brasil, del que mucho hemos informado en Mirada Sur. El dueño del banco, Daniel Vorcaro, tenía un vínculo estrecho con casi todo el sistema político de Brasil y las filtraciones de su teléfono han impactado a todos. Pero muy especialmente al todopoderoso juez Alexandre de Moraes, que es quien entre muchas otras causas envió a prisión al ex presidente Jair Bolsonaro y tuvo censurada a la red Twitter por semanas, en una batalla directa con Elon Musk. Esta semana se supo que el banquero no solo había contratado por una cifra millonaria a la esposa de De Moraes, y que éste había supervisado el contrato. Sino que también intercambiaban mensajes en los que De Moraes funcionaba casi como un asesor directo del banquero, que llegó a consultarlo si debía escapar del país a medida que la policía estrechaba el cerco en su contra.
Lejos de amilanarse, el juez contraatacó con una investigación contra su colega del Tribunal Supremo, André Mendonça, que es quien lleva adelante la causa del Banco Master. La pelea ha sido tan escandalosa y pública, que el actual presidente del Tribunal ordenó frenar todas las actuaciones de ambos magistrados y convocó a una audiencia pública para definir el futuro de la causa, que promete paralizar a todo el país. Se trata de una telenovela que viene destapando un nivel de corrupción y de poder sin contrapesos de este tribunal, que tiene al país en vilo casi como una novela de la Globo.
CAMPAÑA. Todo esto ocurre en plena recta final de la campaña electoral, donde el actual presidente Lula, de 80 años, aspira a un cuarto mandato. Pero lo que se juega es mucho más que eso. Porque quien sea el próximo presidente deberá designar al menos dos nuevos jueces para esta corte, cuyos poderes no tienen comparación en ningún país de América Latina. En particular, el juez De Moraes ha tenido un papel muy polémico a partir de una causa que mantenía abierta hace más de 6 años, y que con el supuesto fin de combatir las “fake news”, lo ha erigido en una especie de juez supremo electoral. A tal punto que hace unas semanas suspendió la campaña de un candidato por no presentar ciertos datos sobre su financiación. De Moraes ha sido siempre muy cercano a Lula da Silva, y a medida que la información sobre su relación con el banquero Vorcaro se ha hecho pública, el favoritismo previo de Lula en la campaña ha venido cayendo en forma directamente proporcional.
Todo esto promete un final de infarto en una campaña donde quien es tal vez el principal referente de la izquierda latinoamericana, se juega su futuro y su legado histórico.

Milei descoloca a la oposición con campaña por las Malvinas.
El presidente Javier Milei no se caracteriza por las sutilezas y esta semana se despachó con una afirmación explosiva que agitó las aguas en torno a una de las causas más sensibles para la sociedad argentina. “Las Malvinas son argentinas por historia y por derecho. No hay discusión al respecto”, afirmó por cadena nacional, rodeado de su gabinete completo y con un tono mucho más duro que el que venía usando para referirse a las islas. También sostuvo que los kelpers, por ser una población implantada, no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación. Finalmente anunció sanciones más duras contra las empresas que participen en la explotación de petróleo en Malvinas sin autorización argentina, una actividad que calificó como amenaza a la soberanía del país.
Las reacciones no demoraron y llegaron a raudales tanto dentro como fuera del país. En Argentina, las declaraciones del Presidente fueron recibidas con una mezcla de aprobación y desconfianza. Dirigentes opositores lo acusaron de oportunista y de actuar por conveniencia, al tiempo que le recordaron su admiración por la exprimera ministra británica Margareth Tatcher. No obstante varios tuvieron que valorar que Milei endureciera su postura frente a la explotación petrolera. Desde el Reino Unido, la respuesta fue firme. El canciller Ed Miliband aseguró que las islas seguirán siendo británicas porque así lo quieren sus habitantes, desoyendo la afirmación de Milei sobre el derecho de los isleños a la autodeterminación. El ministro de Defensa, Wes Streeting, fue más directo y sostuvo que el discurso del presidente libertario habla más de la política interna argentina que de las Malvinas. Por su parte, las petroleras involucradas aseguraron que el proyecto seguirá adelante según lo previsto.
TRASFONDO. Las Malvinas son un archipiélago ubicado en el Atlántico Sur, ocupado y administrado por el Reino Unido desde 1833. Argentina reclama su soberanía y considera la recuperación de las islas como un objetivo establecido en la Constitución desde siempre. La disputa llegó a su punto de ebullición en 1982, cuando se desató una guerra que duró 74 días, tras los cuales el Reino Unido recuperó el control. Desde entonces, Argentina mantiene el reclamo por la vía diplomática.
Este año la cosa volvió a calentarse por el avance del proyecto Sea Lion, que prevé extraer petróleo en Malvinas a partir de 2028. El yacimiento está en manos de la británica Rockhopper y la israelí Navitas. Para el Reino Unido, las empresas cuentan con permisos legítimos, pero Argentina considera que se estarían llevando, sin autorización, recursos de un territorio ocupado. Lo cierto es que Milei se metió en una encrucijada. Israel es uno de sus principales aliados internacionales, pero una de las empresas que encabeza la operación que su gobierno considera ilegal, es de ese país. Por el otro lado, el presidente Donald Trump sugirió que Estados Unidos podría revisar su histórica neutralidad en la disputa, y puso en duda que respaldará al Reino Unido en caso de un nuevo conflicto.
Faltando poco más de un año para las elecciones de 2027, Javier Milei llega con una aprobación que no alcanza el 40%, castigado por la pérdida de poder adquisitivo, el endeudamiento y el desempleo. Malvinas le da al presidente una causa que une a los argentinos y que puede sumarle apoyos más allá de su electorado propio. A la vez, con esta postura, incomoda a la oposición, ya que si no la apoya puede quedar en falsa escuadra ante una causa como la de las islas, y si apoya, le daría la iniciativa a Milei.
Pero también es una jugada arriesgada para el mandatario despeinado. Hasta ayer, el 61,1% de los argentinos creía que su cambio de postura responde a una conveniencia política, mientras apenas el 24,7% lo atribuye a una convicción.

Perú se suma al Escudo de las Américas de Estados Unidos.

Marco Rubio y Keiko Fujimori se saludan cordialmente tras su encuentro protocolar en Lima.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, anunció la incorporación de Perú al Escudo de las Américas, esa alianza creada por Donald Trump para combatir el narcotráfico y el crimen organizado en el continente. Rubio, culminó así en Lima una gira por Colombia, Ecuador y Perú con una agenda que combinó la lucha contra el crimen organizado, el fortalecimiento de los vínculos militares y tecnológicos y, sobre todo, el intento de Washington de limitar la creciente influencia de China en la región.
“Estamos sincronizando esfuerzos para proteger nuestro hemisferio de las amenazas transnacionales y regionales”, escribió Rubio en una columna en el diario peruano El Comercio. En los últimos tiempos, los tres países han virado hacia gobiernos de derecha, más liberales en lo económico e ideológicamente afines a Estados Unidos. De esa manera, el gobierno de Keiko Fujimori profundiza su acercamiento a Washington y confirma el rumbo de la política exterior peruana, alineándose con la agenda del presidente Trump.
TRASFONDO. El narcotráfico continúa siendo uno de los principales problemas de América Latina en materia de seguridad. A su vez, Perú se mantiene como el segundo mayor productor mundial de cocaína, apenas por detrás de Colombia. Pero la importancia de la decisión de adherir al Escudo no solo va por el lado de la seguridad. La geopolítica juega un rol fuerte ya que la alianza surge en medio de gran viraje regional a nivel ideológico. Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras y Perú eligieron o consolidaron gobiernos de derecha. Por lo tanto, se trata de algo más grande que un acuerdo de colaboración contra el narcotráfico. Es parte de la estrategia de Donald Trump para recuperar influencia en América Latina y frenar la presencia de China. Perú es un país sensible en este sentido: es gran productor de cocaína, posee reservas minerales y mantiene una nutrida relación comercial con el gigante asiático.
El principal símbolo es el puerto de Chancay, construido con una inversión china de unos 1.300 millones de dólares y controlado por Cosco Shipping, una empresa estatal china. Para Beijing, Chancay es una infraestructura estratégica para ampliar sus conexiones comerciales con Sudamérica. Para Washington, forma parte de un fenómeno más amplio que considera potencialmente problemático: la creciente presencia china en sectores estratégicos de las economías latinoamericanas.
POR QUÉ ME IMPORTA. Luego de más de dos décadas en que gran parte de la región estuvo en manos de gobiernos del llamado socialismo del siglo XXI, que debilitaron instituciones y algunos derivaron en regímenes autoritarios, se está viendo un claro cambio de escenario. El acercamiento de Perú con Washington podría lograr una mayor coordinación en la lucha contra el narcotráfico, pero a la vez promete atraer inversiones y recuperar la confianza, algo fundamental para generar empleo y crecimiento.

El impacto de “Vientos de cambio”.
Pasada ya una semana del evento, todavía resuenan los efectos de la conferencia Vientos de Cambio, que tuvo lugar en Buenos Aires y a la que asistió la crema y nata del gobierno de Javier Milei, y una selección impactante de analistas y figuras de centros de estudio liberales del continente. Organizada por Archbridge Institute, la fundación Libertad y Progreso, y el instituto Reason, la conferencia fue un éxito masivo de público y de repercusión en los medios regionales.
La semana pasada ya compartimos mucha información y enlaces a algunas de las principales exposiciones del evento. Pero quedaron muchas cosas por decir y analizar. Para empezar, le pedimos a nuestro fundador y director ejecutivo, Gonzalo Schwarz, que nos hiciera una selección de lo que a su juicio fueron los puntos altos de la conferencia. Gonzalo destacaba especialmente la enorme repercusión que tuvo el evento en medios de todo el mundo, con dos mil apariciones y citas. También la forma en que el premio Nobel de Economía y senior fellow de Archbridge, James Heckman, tuvo reuniones con todo el equipo económico y con el presidente Milei, destacando que el rumbo que lleva Argentina es el único razonable para dejar atrás décadas de estancamiento y de políticas populistas. Asimismo, el hecho de que pensadores y analistas liberales de corrientes muy distintas, debatieron y analizaron el momento político de la región, con la esperanza que estos vientos de cambio que se perciben en América Latina, permitan un empuje de desarrollo y prosperidad con libertad.
Más allá de los comentarios de Gonzalo, es oportuno compartir algunos de los paneles y exposiciones que más llamaron la atención del evento. Por ejemplo, la introducción que Alberto Benegas Lynch (h) hiciera antes del discurso del presidente Javier Milei, en el que abordó el tema de los bancos centrales con la profundidad que solo uno de los próceres del liberalismo continental puede hacer.
Otro momento estelar fue sin dudas el panel sobre educación e innovación, en el que estuvieron buenos amigos como Sergio Daga o Martín Krause, entre otros referentes. Otro de los paneles que más disfrutamos personalmente fue el que abordó el tema de la filantropía como herramienta para impulsar el florecimiento humano y el avance de las ideas de la libertad, con figuras de la talla de Tim Reynolds, Alvaro Salas, o Nicolás Ibáñez. Y, por último, por motivos únicamente de humildad personal, el que trató sobre la batalla cultural, y el impacto de la cultura en el avance de las ideas liberales, con amigos como Nick Gillespie, Axel Kaiser, Magno Karl y Fernando Ulrich, con la moderación de quien redacta estas líneas.
Y si se lo perdió, no se quede sin ver el del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que hizo que todos los presentes que no éramos argentinos, tuviéramos un ataque de envidia muy negativo para la salud.
Martín Aguirre; Director.
Rodrigo Caballero; Editor.




