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El fenómeno global llega a nuestra región

El envejecimiento poblacional ha sido durante décadas una preocupación central en
Europa. Con una edad mediana de 42 años, fertilidad de 1,4 hijos por mujer y expectativas de vida superiores a los 79 años, el Viejo Continente lleva tiempo diseñando políticas para enfrentar sus consecuencias. Pero el fenómeno ya no es exclusivo de los países ricos. América Latina, y Chile en particular, enfrenta el mismo desafío — con la agravante de que lo hace a una velocidad sin precedentes y con menor desarrollo institucional para absorber el impacto.

Hoy, aproximadamente 100 países — que representan el 71% de la población mundial — tienen tasas de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer). El año 2023 marcó un hito histórico: fue el primer año en la historia humana en que la tasa de fertilidad global cayó por debajo de ese umbral. Como ha señalado el economista Jesús Fernández-Villaverde de la Universidad de Pennsylvania, "el declive de la fertilidad es la gran pregunta de nuestros tiempos."

El caso chileno: velocidad sin precedentes

Chile representa un caso extremo dentro de este fenómeno global. En apenas 70 años, el país transitó desde los niveles de fertilidad y expectativa de vida propios de un país en desarrollo hasta equipararse con España. Y no se detiene! La última cifra oficial de tasa global de fecundidad es de solo 0,99 nacidos vivos por mujer. Este proceso, que en Europa tomó más de 150 años, Chile lo recorrió en 25. Solo Japón envejeció más rápidamente.
Las consecuencias proyectadas son serias. Hoy el porcentaje de adultos mayores (60+) alcanza el 20% de la población. Para 2050, se proyecta que llegará al 33%, con una razón de dependencia de 50%. La OCDE ha estimado que Chile será el país con mayor desaceleración del PIB per cápita producto del envejecimiento entre sus miembros (OECD Employment Outlook 2025).

Tres lecciones de política para la región

La experiencia chilena, con sus aciertos y tareas pendientes, ofrece algunas lecciones relevantes para el resto de América Latina.

Primera lección: integrar plenamente la "economía plateada."

La jubilación a los 60 o 65 años resulta anacrónica cuando la expectativa de vida supera los 80 años. El Fondo Monetario Internacional ha documentado que las capacidades cognitivas de una persona de 70 años hoy son equivalentes a las de alguien de 50 años en el año 2000.

Los adultos mayores no son una carga pasiva: son un activo productivo subutilizado. Nuestra investigación en la Universidad del Desarrollo con apoyo de Templeton Foundation — basada en la primera encuesta representativa de emprendedores adultos mayores en Chile (N=2.800) — muestra que el 50% de los adultos mayores que trabajan lo hacen emprendiendo, y que alcanzan niveles de satisfacción vital superiores al promedio. El problema es que lo hacen con mayor informalidad, menores redes de financiamiento y escaso apoyo institucional.

Segunda lección: fortalecer el emprendimiento de adultos mayores.

Las políticas públicas deben acompañar este potencial con medidas concretas: fortalecer redes empresariales y de financiamiento, crear programas de acompañamiento para emprendimientos de alto impacto, flexibilizar la legislación laboral y eliminar los obstáculos a la formalización. Un adulto mayor que emprende formalmente contribuye a la economía, paga impuestos y reduce la presión sobre el sistema de pensiones.

Tercera lección: avanzar hacia los sistemas de pensiones basados en el ahorro individual.

La sostenibilidad de los sistemas de reparto es estructuralmente vulnerable al cambio demográfico: requieren que los trabajadores jóvenes financien a los jubilados, y ese equilibrio se rompe cuando la proporción de trabajadores activos cae. Chile con su reforma de los 80 ha avanzado en esta dirección, gracias a su sistema de cuentas de ahorro individual,administradas por las AFP y que ha sido perfeccionado en sucesivas reformas,como la reciente de 2025 que eleva la cotización del 10% al 16% del sueldo bruto y proyecta que los fondos previsionales pasen de 250.000 millones de dólares a 500.000 millones en diez años. La tarea pendiente — políticamente difícil pero inevitable — es aumentar la edad de jubilación.

Un desafío regional urgente

América Latina está envejeciendo más rápido de lo que sus instituciones se están adaptando. La migración puede atenuar parcialmente la contracción de la fuerza laboral, pero no la resuelve. La respuesta de fondo requiere,entre otros,de sistemas de pensiones más robustos basados en el ahorro individual, mercados laborales más flexibles para incorporar a los adultos mayores, y políticas de emprendimiento que reconozcan el potencial productivo de una población que vive más, y cada vez más activamente.

Chile, con sus virtudes y sus rezagos, es un laboratorio adelantado de lo que le espera a la región. Vale la pena aprender de su experiencia antes de que el reloj demográfico obligue a improvisar.

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